¿El buen abogado gana juicios y el malo los pierde?

Cuando en Instagram o TikTok subo videos explicando en qué debes fijarte para detectar a un mal abogado, mucha gente comenta o me envía mensajes privados contando sus propias experiencias con abogados.

 

De entre todas ellas, una me llamó la atención especialmente, y es que una persona decía que había que averiguar si ese abogado había ganado muchos o pocos juicios. Consideraba que ese dato era una circunstancia infalible para elegir bien a tu abogado.

 

Pues bien, la duda que a mí me surge es: ¿qué es ganar y qué es perder?

 

En el imaginario colectivo se encuentra la imagen del abogado vencedor, aquel hombre o mujer fuerte, con pose elegante, que parece sabérselas todas y que siempre está dos pasos por delante de todos los demás abogados. Ese abogado que siempre gana porque sabe algo que el resto de sus congéneres ignoran; pero no solo gana, sino que por el camino humilla a los perdedores, dejando bien patente su superioridad.

 

Y, por supuesto, todos nosotros queremos contratar a ese abogado. Con eso ganamos fijo y conseguimos todo lo que queremos; vamos, que la ley a ti ni te roza.

 

Vale, bien, pues eso… eso no existe, querido amigo justiciable.

 

Lamento decirte que nuestro trabajo pocas veces consiste en ganar o en perder. Las pelis y series yankis han hecho mucho daño en este sentido.

Buen abogado gana juicios y el malo lo pierde

Aunque a veces pudiera parecer que sí, la realidad es que los abogados no hacemos magia: no hacemos desaparecer cosas, no retrocedemos en el tiempo, no modificamos los hechos, no podemos deshacer lo que has hecho o hacer parecer que sí lo has hecho… nada de eso. 

 

Por tanto, no siempre es posible conseguir una sentencia absolutoria, o una estimación completa de la demanda, o lo que sea que pretendamos.

 

El trabajo de los abogados es solucionar problemas, así de simple… o de complejo. Nuestro trabajo comienza cuando un cliente tiene un problema (jurídico, se entiende) y nosotros tratamos de solucionar ese problema de la forma más favorable a los intereses de ese cliente.

 

«¿Cuáles son esos intereses? ¿Cuál es la forma más favorable?», esas son las preguntas que hay que hacerse. 

Y la respuesta solo es posible saberla tras una conversación con el cliente y conociendo todos los pormenores del asunto.

 

Solo así es posible fijar un objetivo, viable y realista, que alcanzar; un objetivo que satisfaga, en la medida de lo posible, los intereses del cliente, y que sea posible alcanzar según los hechos y circunstancias concretas del asunto.

En ocasiones «ganar» puede ser llegar a un acuerdo con la parte contraria, o una conformidad con el Fiscal; en otros casos, una sentencia desfavorable puede ser un éxito si se consigue mitigar el daño.

Así que mi consejo gratuito de hoy es que escojas un abogado con quien fijar ese objetivo, y trabajad juntos para conseguirlo.

 

Acéptalo, porque es gratis, y pocas cosas gratis te va a dar un abogado.

 

Si además quieres saber en qué debes fijarte para elegir bien a tu abogado pincha aquí.

 

Y si no te quieres arriesgar y quieres estar seguro de escoger bien a tu abogado, cuéntame tu caso, a ver si podemos trabajar juntos